
‘AQUELLOS DUROS…’
Hace ya muchos años el pueblo de Cádiz se echó a la playa de la Victoria en busca de los duros antiguos, unos doblones de plata procedentes del naufragio de un galeón que el mar decidió retornar a tierra firme semienterrados en su arena rubia. Aquel hecho dio pie al santo y seña de la tierra gaditana, que canta por tangos cuando llega el Carnaval.
Para nosotros, hijos del euro y de sus consecuencias, los duros antiguos son ya aquellas monedas de cinco pesetas con las que te comprabas un imperio de golosinas cuando eras niño o con las que hacer carreras callejeras, apelando a la buena voluntad de los ciudadanos, para los viajes de fin de curso, que suponían un trazado kilométrico por las calles doradas de la Salamanca universitaria.
Víctor L. Gómez sintetiza el significado de todos estos duros –los antiguos y los de la vuelta de la esquina; los de la Tacita de Plata y los que resonaban como calderilla gozosa en el bolsillo- para reivindicar, desde la fotografía, una cultura accesible para todos y sostenible (¡qué feo es el palabro!) por todos. Plasmando en imágenes el espíritu de la vieja Gades, que estalla en las noches húmedas de febrero por el Barrio de la Viña, desbordándolo de coplas al tres por cuatro, de poesía y libertad conjugada en la orilla atlántica. Montando una exposición por cinco perras en esta época en la que cualquier despilfarro supone una ofensa a la razón, cuando los tiempos aconsejan apretarse el cinturón y espolear el ingenio, que de siempre fue el motor de las artes.
Quizá Víctor una noche, a orillas del Duero, a orillas del Tormes, encontrase un duro antiguo al pie del agua y se plantease invertirlo en esta exposición, que sabe a sal y a viento de levante, tan en tierra adentro.
Ana Pedrero.